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1 oct 2012

“Marketing es lo que haces cuando el producto no es bueno”

Por César Pérez Carballada

              



De tanto en tanto, algún periodista o escritor recuerda al gran Edwin Land, fundador de la empresa Polaroid e inventor de la fotografía instantánea, y nos repite su frase: “marketing es lo que haces cuando el producto no es bueno” (1).

La confusión inherente a la cita es tan común entre muchos ejecutivos de hoy en día que vale la pena recordarla para aclarar algunos puntos.

En primer lugar, la frase denota una confusión entre marketing y publicidad, ya que asume que el producto ya está definido (“cuando el producto no es bueno”). Esa confusión es muy común en las empresas, y a veces resulta repetitivo tener que explicar que el marketing es mucho más que publicidad, ya que abarca desde la identificación de las necesidades de un consumidor, pasando por el desarrollo de un producto que las satisfaga, hasta las decisiones sobre la marca y el posicionamiento deseado para la misma; solo después vendrán los elementos operativos como la distribución, el precio, la publicidad, etc. Es más, si incluso el marketing solo fuera publicidad, sería altamente contraproducente para un “mal producto”, porque contribuiría a su difusión, acelerando así su fracaso.



Con respecto a Edwin Land, debemos hacer notar que Polaroid le debe gran parte de sus éxitos justamente al marketing. ¿Qué son, sino marketing, aquellos anuncios donde el propio Land mostraba en el Tonight Show de Steve Allen en 1954 cómo funcionaba la “magia” de su cámara, en un anuncio en vivo de 60 segundos que duraba justo lo que tardaba en revelarse una foto?



Por supuesto que aquella primera cámara de fotografía instantánea -el recordado modelo 95- era revolucionaria. Pero incluso en su origen se encuentra el marketing. Cuenta la historia que a Land se le ocurrió la idea de la fotografía instantánea cuando su hija le pidió ver las fotos que acaba de sacar en las navidades de 1943, algo imposible en aquel momento. Eso se llama “necesidad insatisfecha”, la piedra basal para construir cualquier producto o servicio, y el hecho de identificarla para luego transformarla en una solución es justamente la esencia del marketing.

Quizás Edwin Land tenía tan impregnado el marketing que no se daba cuenta de que lo que hacía era justamente eso. Como el pez no se da cuenta de que vive en el agua, porque aunque la respira, está tan acostumbrado a ella que no la ve. O quizás Land desconocía el significado de la palabra marketing y lo asociaba con promociones baratas de productos que no quiere nadie.

En cualquier caso, el éxito de Polaroid se basó en un magnífico marketing, desde la concepción de sus cámaras hasta su promoción en el mercado.

La genialidad que mostró originalmente Land para identificar una necesidad y crear un producto revolucionario que la satisficiera fue mutando en el tiempo hasta convertirse en una obsesión por el producto, en lugar de poner la atención en el consumidor. Así fue incapaz de identificar un sutil cambio en su negocio: la aparición de las cámaras digitales.


En 1975 Edwin Land delegó el liderazgo de la compañía en Bill McCune y se quedó a cargo de los laboratorios que desarrollaban nuevos productos. Ese mismo año, Steven Sasson, logró construir la primera cámara digital trabajando para el gran competidor de Polaroid: Eastman Kodak. Pasaron 6 años hasta que se lanzó al mercado la primera cámara digital comercial: la Sony Mavica. Seis años que tuvo Polaroid para adaptarse a la nueva tecnología, pero Land, cegado en su producto, se olvidó de por qué había sido exitoso en primer lugar: satisfacer las necesidades de los consumidores. Daba igual si eso se lograba con una cámara con película química o digital, lo importante era el consumidor, no la tecnología. Allí fue donde Land abandonó al marketing y el marketing lo abandonó a él.

En 1982 Land se retiró y Polaroid fue cuesta abajo hasta su quiebra unos años después.

Edwin Land fue un gran inventor que además fue un empresario exitoso porque tenía el marketing en la sangre, aunque ni él mismo lo supiese. Pero justamente el no conocer de forma explícita qué es el marketing y cómo gestionarlo -como atestigua la cita con la cual comienzan estas líneas- lo llevó a sembrar la semilla de la destrucción en su propia empresa.

Algunos periodistas, como el autor del libro recientemente publicado “Instant: The Story of Polaroid”, comparan a Edwin Land con otro gran inventor de nuestro tiempo: Steve Jobs.

Hay muchas similitudes entre ambos: un genio que funda su empresa alrededor de un producto innovador que revoluciona el mundo, que centra su atención obsesivamente en el diseño superior y elegante de sus productos, con oficinas cercanas a un campus universitario para abastecerse de talento (Polaroid en Cambridge con Harvard y MIT, Apple en Cupertino con Stanford y Berkeley). Incluso Steve Jobs confesó que Edwin Land era su héroe porque lo había inspirado para ubicarse en ese punto “donde las humanidades y la ciencia se intersectan” (2).

Pero estos periodistas dicen que Steve Jobs es comparable a Edwin Land en su desprecio por el marketing ya que dijo: “es realmente difícil diseñar productos con Focus Groups, muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras” (1).

Aquí la confusión no es tanto de Jobs sino de esos periodistas que no conocen la diferencia entre una innovación disruptiva y una incremental, además de su desconocimiento de los Focus Groups y su utilidad específica.



Las innovaciones incrementales son las más comunes, y son aquellas que mejoran una tecnología o producto existente en base a los parámetros establecidos en la industria, típicamente sirviendo a los mismos consumidores.

Por otro lado, menos frecuentemente, surgen innovaciones disruptivas que cambian las reglas de juego en una determinada categoría. La aparición de las cámaras digitales frente a las cámaras de película química que debía ser revelada es un ejemplo de esta clase innovación.

La particularidad que tienen las innovaciones disruptivas es que los productos que surgen de ellas al principio tienen un desempeño muy por debajo de los productos establecidos, y a menudo están orientados a un segmento de consumidores diferente que los productos establecidos (3). Cuando las primeras cámaras digitales aparecieron eran bastante grandes, pesadas, caras y tenían una pésima calidad de fotografía (por la baja definición), con lo cual los consumidores tradicionales de cámaras de fotos ni se planteaban comprar una y los primeros compradores de estas cámaras fueron los periódicos, que veían una gran ventaja al poder transmitir las fotos a través de la línea telefónica en lugar de por satélite, mientras que la menor calidad no era tan apreciable en un diario impreso. Solo después de algún tiempo las cámaras digitales mejoraron lo suficiente como para atraer a los consumidores habituales de películas químicas.

Es en el caso de las innovaciones incrementales donde funcionan los test de conceptos y los Focus Groups, ya que se debe considerar la preferencia de los consumidores sobre la tecnología, pero en las innovaciones disruptivas esos tests y la opinión de los consumidores pueden resultar contraproducentes. ¿Por qué? Porque generalmente estas innovaciones introducen productos que inicialmente no satisfacen las necesidades de los consumidores actuales (3).

Con lo cual Steve Jobs tenía razón al referirse a las innovaciones disruptivas, un Focus Group no será demasiado útil para evaluar un producto que es, inicialmente, inferior a la competencia, pero eso no quiere decir que el marketing sea inútil, ya que el marketing no es solo Focus Groups. La metodología para derivar “insights” de los consumidores, aun en el caso de tecnologías que todavía no existen, forma parte de la esencia del marketing.

Como dice A.G. Lafley, ex–CEO de Procter & Gamble: “sin importar en qué segmento compitas, la innovación debe estar centrada en el consumidor. Esto no es lo mismo que decidida por el consumidor. Henry Ford explicaba (según una cita que se atribuye al fundador de la automotriz) que si él hubiera escuchado al mercado, hubiera construido un caballo más rápido y barato, pero entendió que lo que la gente realmente quería era una manera de viajar más fácil y rápida y que les diera más libertad” (4).



Las innovaciones exitosas, incluyendo a las disruptivas, provienen de entender los deseos y necesidades insatisfechos de los consumidores, tanto los expresados como los no expresados, es decir, no solo lo que dicen sino, aun más importante, lo que no pueden expresar o no quieren decir. Las necesidades no expresadas ayudan a descubrir la verdadera realidad de un consumidor. Para ello es necesario obtener una apreciación real de su estilo de vida así como de la forma en que usa un producto y sus motivaciones reales para hacerlo, entendiendo sus emociones y sentimientos.

Si le preguntamos a un fabricante de portátiles qué es importante en su segmento probablemente dirá “coste” y “tamaño”, pero eso es solo una parte de lo que los consumidores quieren. Es raro que un consumidor mire a su portátil y diga: “desearía que la pantalla fuera tres veces más brillante”. Esas son las necesidades no expresadas, y son las más difíciles de descubrir, pero están ahí, y el marketing es la forma de identificarlas. El marketing es más que Focus Groups. Al final, muchas veces los consumidores no pueden decir exactamente lo que realmente quieren, depende de uno el saber escuchar, observar, hacer conexiones e identificar los “insights” que generan la oportunidad de las innovaciones.

Para ello es necesario escuchar y observar a los consumidores, pero no solo en entornos controlados; también puede requerir vivir un tiempo en sus hogares (como el programa “living it” de P&G), comprar con ellos en las tiendas (los conocidos “shop-alongs”) y ser parte de sus vidas. Siempre recordando que conectar y destilar de forma imaginativa lo que uno ve y escucha es cómo la observación se transforma en “insight”.

Y, de nuevo, este proceso es la esencia del marketing. Por esa razón, Steve Jobs tenía razón, aunque eso no significa que Apple no haga marketing o que no tenga en cuenta a los consumidores en el desarrollo de sus productos. Simplemente no usa Focus Groups, porque esa técnica específica no es la mejor para el desarrollo de innovaciones disruptivas. Pero Edwin Land estaba mortalmente equivocado, porque él también hacía marketing, solo que al no saberlo fue incapaz de institucionalizarlo de manera que su empresa fuera capaz de adaptarse a cambios en el mercado. La pregunta es si los ejecutivos de Apple entenderán esto y serán capaces de prolongar el legado de Steve Jobs de forma opuesta a como Polaroid gestionó la herencia de su fundador.



                                     



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Fuentes: 
(1) “Timeless Lessons in Ingenuity and Entrepreneurship from the Story of Polaroid”, Maria Popova, Brian Pickings, 27 de septiembre de 2012 
(2) “Steve Jobs”, Walter Isaacson, Simon & Schuster, 2011 
(3) “Disruptive technologies: catching the wave”, C. Christensen y J. Bower, Harvard Business Review, 1995-2000 
(4) “The Game-Changer: how you can drive revenue and profit growth with innovation”, A.G. Lafley y R. Charan, Crown Publishing Group, 2008



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Autor: César Pérez Carballada Artículo publicado en http://www.marketisimo.com/
 
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3 mar 2008

Prisioneros del éxito: el surgimiento y la caída de Polaroid

Polaroid ha anunciado hace unos días (Febrero 2008) que dejará de fabricar los carretes que permitían funcionar a las pocas cámaras instantáneas que todavía estaban en uso.

Se trata en realidad de noticia esperada, después de que la firma dejara de producir la cámara instantánea el pasado año ante la imparable fotografía digital. Ahora le ha tocado el turno al cartucho.

A partir del 2009 las cámaras instantáneas serán solo objeto de coleccionistas.

Se termina así una historia épica de éxitos y fracasos en una industria que fue transformada por una revolución tecnológica.

LOS COMIENZOS

Todo comenzó en 1926 cuando Edwin Land comenzó a experimentar con sintéticos polarizados que filtraban la frecuencia del haz de luz que provoca reflejos, mientras que dejaba pasar el resto.

Buscando aplicaciones prácticas a esa tecnología fundó a principios de los 1930s una empresa que fabricaba materiales polarizados para las ventanas de los automóviles.

Era una época mala, ya que EE.UU. trataba de recuperarse de la Gran Depresión, y los fabricantes de coches no estaban para incorporar elementos que encarecerían su precio.

Buscando potenciales clientes, Land finalmente hizo el primer negocio importante de la compañía con el gigante de la fotografía Eastman Kodak (su futuro gran competidor), que hizo un encargo de filtros polarizados para incorporar a sus cámaras.


En 1935 la empresa comenzó a fabricar lentes polarizadas para gafas y en 1937 decidieron re-bautizar la compañía como Polaroid, nombre con el cual los científicos de la empresa habían bautizado al material polarizante.

Tras algunos años, la venta de gafas de sol era la principal fuente de ingresos de Polaroid, pero no alcanzaba a cubrir los costes y la empresa perdía 100.000 dólares al año.

Entonces llegó la segunda guerra mundial. Los materiales que fabricaba el joven Edwin Land eran muy requeridos por los militares, por lo que la compañía floreció gracias a estos contratos.

Pero el final de la guerra acabó con aquel viento a favor y las ventas volvieron a caer. Hacia 1946, Land sabía que su compañía estaba en serios problemas y buscó en sus laboratorios una salvación.

EL NACIMIENTO DE LA FOTOGRAFÍA INSTANTÁNEA

Entre muchas tecnologías a medio desarrollar, el único proyecto viable era la fotografía instantánea, una tecnología surgida en las navidades de 1943 cuando su hija le pidió ver las fotos que acaban de sacar.

Land enfocó todos los recursos de la compañía en esa dirección y tras extenuantes esfuerzos en Febrero de 1947 presentó el primer prototipo de una cámara instantánea: el Modelo 95.

La novedad fue tal que varios medios lo reflejaron de forma prominente: el New York Times lo publicó en primea plana, la revista Life le dedicó una cobertura de página completa y fue comentado por toda la prensa.

La cámara fue todo un éxito y en su primer año vendió 5 millones de dólares en un mercado que estaba prácticamente monopolizado por Kodak.

Gracias a varias campañas de marketing y publicidad durante los 1950s las ventas de Polaroid se dispararon. Como resultado la compañía comenzó a cotizar en la bolsa y emprendió su expansión internacional.

Entre los éxitos comerciales, en 1954 Polaroid estrenó una campaña publicitaria en TV en el Tonight Show donde Steve Allen llevaba a cabo anuncios en vivo que duraban 60 segundos, justo el tiempo que tardaba en revelarse la fotografía de Polaroid, con lo cual el efecto promocional era impresionante.

Se iniciaba la época dorada de Polaroid.


LA ÉPOCA DORADA

En 1963 la compañía introdujo la primera cámara a color y el primer film en paquete (en lugar de rollo), innovaciones que fueron seguidas por nuevos y exitosos productos que llevaron las ventas a 500 millones de dólares en 1970.

Así fue como Polaroid creó la cámara que cambiaría la historia de la fotografía: la SX-70.

La revista Life le dedicó su portada de Octubre de 1972 a este nuevo modelo, con el nombre de “la cámara mágica”.

No era para menos.

Esa maravilla técnica era la primera cámara instantánea que integraba el film en la cámara logrando que las fotos en color se revelaran por si mismas al salir de la cámara en forma automática.

La campaña de lanzamiento de la SX-70 fue protagonizada por Sir Lawrence Olivier en una serie de anuncios de TV y radio.

Las ventas siguieron creciendo 20% cada año durante los 1970s, pero los altos costes de investigación y desarrollo provocaron que los beneficios netos comenzaran a caer, por lo cual en 1975, Land delegó el liderazgo de la compañía en Bill McCune.

Sin embargo Land continuó liderando el laboratorio y algunas peleas comenzaron a ser evidentes, ya que McCune prefería desarrollar productos en base a investigaciones de mercado en oposición al método de Land de inventar productos y luego crear la demanda para ellos.

En ese contexto, Land creo la Polavisión, su primera cámara de vídeo de revelado instantáneo, una maravilla científica pero un fracaso comercial.

A raíz de ese y otros fracasos, Polaroid fue cambiando gradualmente su cultura hacia una visión más comercial.


En 1982 finalmente Edwin Land se retiró, no sin antes registrar su patente número 500 y entrar en el Hall of Fame de los Inventores.

A esas alturas, Polaroid había comenzado una guerra legal contra Eastman Kodak, a la que acusó de infringir sus patentes de fotografía digital en 1976. Cinco años más tarde Kodak perdió el litigio y en 1986 abandonó su línea de fotografía digital además de tener que pagarle a Polaroid 925 millones de dólares.


LA MADUREZ DE LA EMPRESA

En los 1980s Polaroid siguió lanzando nuevos productos apoyados por grandes campañas publicitarias.

En 1985 Polaroid promovió a I.M “Mac” Booth, su anterior COO, al cargo de CEO, quien la reorganizó en 3 divisiones: fotografía minorista, fotografía industrial y soportes magnéticos, logrando que las ventas no minoristas representaran el 40% de los ingresos totales.

Con varios éxitos como la CoolCam, la Spectra y la Hybrid IV, una cámara de alta calidad que surgió de investigaciones de mercado que indicaban la necesidad de una cámara de fotografías instantáneas con calidad similar a las de 35 mm, Polaroid continuó expandiéndose.

A principios de los 1990s Polaroid se había convertido en el líder mundial de fotografías instantáneas e imagen electrónica, y un competidor importante en los segmentos de película convencional, cintas de video y filtros polarizados.

Polaroid reinaba en el mundo de las fotografías instantáneas.

En 1991 muere el fundador Edwin Land, a los 81 años, siendo la segunda persona con más patentes registradas, solo superado por Thomas Edison.

Desde un punto de vista tecnológico la compañía siguió introduciendo productos revolucionarios como la Captiva, la primera cámara instantánea virtualmente indiferenciable de una cámara de 35 mm, pero las ventas comenzaron a estancarse.

EL COMIENZO DEL FIN

En 1997, Polaroid tuvo ingresos por 2,15 billones de Euros, la misma cifra que había tenido 5 años antes, e incluso al año siguiente, las ventas bajaron a 1,89 billones de dólares.

¿Qué estaba ocurriendo? Una compañía global, sumamente exitosa, veía que sus ventas estaban cayendo. La compañía cambió a su CEO en 1995 y trajo por primera vez a una persona externa a la compañía: Gary DiCamillo , un ejecutivo de Black & Decker con gran experiencia en reducir costes y mejorar la productividad.

Pero el problema no estaba dentro de Polaroid sino en el exterior.

La demanda de fotografías instantáneas había comenzado a decaer, principalmente por el rápido crecimiento de los establecimientos de revelado en 1 hora con film tradicional.

El nuevo CEO comenzó a re-estructurar Polaroid despidiendo al 15% de su personal y abandonando las unidades de soportes de imagen médicos. Como resultado la compañía sufrió pérdidas de 140 millones en 1995 y 41 millones en 1996.

Al mismo tiempo, Polaroid comenzó una frenética carrera de diversificación, lanzando más de 30 productos cada año, ofreciendo desde flash desechables, baterías alcalinas hasta una nueva línea de gafas de sol polarizadas.

¿Qué tenían que ver las baterías alcalinas con las fotografías instantáneas?

Probablemente ofrecían muchas sinergias de costes al compartir materias primas, pero en la mente de los consumidores era como si Ford decidiera lanzar cremas para la piel.

Mientras tanto la compañía se vio obligada a despedir otro 15% del personal en 1997, año en que perdió 127 millones de dólares, con más despidos y pérdidas en el siguiente año.

A pesar de haber lanzado la compañía en ese rumbo de diversificación frenética, el CEO DiCamillo decidió en 1999 vender 4 de las unidades de negocio que habían sido el pilar de su estrategia solo 3 años antes: gafas de sol, artes gráficas, materiales polarizados y holografía.

Para explicar este cambio radical DiCamillo dijo que “quería concentrarse en su negocio principal: fotografía instantánea”.

¿Pero seguía existiendo un negocio de fotografías instantáneas?

UNA NUEVA TECNOLOGÍA

El histórico rival de la compañía, Eastman Kodak, estaba desarrollando silenciosamente desde mediados de los 1970s una nueva tecnología: la cámara digital.

Después de varios intentos, en Diciembre de 1975 Steven Sasson logró construir la primera cámara digital, que pesaba 3,6 kilogramos y tardaba 23 segundos en tomar una foto y grabarla en su cinta digital.

Sin embargo, no fue Kodak, sino Sony, quien en 1981 lanzó la primera cámara digital comercial: la Sony Mavica. Grababa las imágenes en dos pequeños discos magnéticos que permitían luego ver las fotos en una TV.

Esas cámaras iniciales tenían una calidad muy inferior a las de film convencional y costaban demasiado: más de 20.000 dólares, por lo cual solo la compraban los grandes medios quienes veían una gran ventaja al poder transmitir las fotos a través de la línea telefónica en lugar de por satélite; además la calidad no era tan apreciable en un diario impreso.

De hecho, la primera publicación que usó una cámara digital fue el USA Today al cubrir la World Series de Béisbol en 1987 con una Canon que costaba 5.500 dólares (el editor estaba impresionado porque recibió las fotos para la primera plana solo 12 minutos después de haber sido tomadas).

Se puede considerar que la Canon RC-250 Xapshot fue la primera cámara digital comercial minorista (costaba solo 499 dólares) en 1988, aunque todavía grababa las imágenes en un disco; por eso algunos consideran que la primera cámara verdaderamente digital fue la Fuji DS-1P que en 1988 grababa las imágenes en una tarjeta flash (SRAM).

Mientras proliferaban las cámaras digitales, la tecnología digital recibió un gran espaldarazo cuando en 1988 se desarrollo el formato de compresión JPEG que permitió homogeneizar la digitalización de imágenes y aumentar la capacidad de almacenamiento.

Durante ese tiempo Polaroid seguía encerrada en sí misma, aferrada al concepto de fotografía instantánea.

Así estuvo ocupada aquellos años, con productos como la I-Zone, una cámara pocket y la PopShots, la primera cámara instantánea descartable.

Incluso trató de desarrollar la primera cámara digital con impresión instantánea (!).

Polaroid no percibió que la demanda de fotografía instantáneas estaba desapareciendo. Su atributo clave, fotografías que se pueden ver instantáneamente sin ser reveladas, era largamente superado por las nuevas cámaras.

Esas cámaras digitales no solo permitían ver la foto instantáneamente (incluso a partir de 1995 las cámaras digitales incorporaron el visor de cristal líquido), sino que además permitían almacenar miles de fotos en una tarjeta de memoria minúscula, editando y borrando cuantas fotos se quieran.

Lamentablemente Polaroid no incursionó en este mercado hasta 1996, cuando lanzó la PDC, una cámara digital que no era la más avanzada en tecnología (no usaba JPEG) y costaba casi 3,000 dólares.

Sus ventas cayeron año tras año hasta que la situación fue insostenible y en 2001, Polaroid entró en bancarrota con deudas de 1.100 millones de dólares. Al año siguiente, su CEO Gary DiCamillo renunció y One Equity Partners (una firma de “private equity”) compró sus activos y la integró unos años después con Petters Group Worldwide.

Hace pocos días (Febrero de 2008) Polaroid anunció que cerraba las últimas plantas de fabricación de carretes para sus cámaras instantáneas en México, EE.UU. y Holanda, con lo cual la fotografía instantánea pasó oficialmente a ser una pieza de museo.

Quedarán para la historia las palabras del CEO Gary DiCamillo en 1998 cuando dijo: “las fotos en papel serán líderes durante muchos años”. A esa altura, la suerte de la compañía estaba echada.

Es sorprendente que, después de haber logrado ventas de casi 3 billones, una compañía con la capacidad innovadora de Polaroid haya desaparecido, justamente por no saber innovar.

Polaroid es otro ejemplo de una empresa con una tecnología muy exitosa que no sabe reconocer cuando la realidad está cambiando y es víctima de su propio éxito.

Polaroid creó una tecnología completamente nueva –la fotografía instantánea-, pero fue incapaz de percibir la amenaza de otra tecnología también nueva -la fotografía digital-.

De hecho, la fotografía digital era una gran oportunidad para Polaroid, ya que le brindaba la oportunidad de desbancar a su eterno rival Kodak de la posición de liderazgo que había disfrutado durante tantos años.

Además Polaroid estaba inmejorablemente posicionada en la mente de los consumidores con el atributo de “rapidez” y “sin necesidad de revelado”, justamente las características claves de la fotografía digital, con lo cual hubiera sido más fácil para Polaroid adoptar esa nueva tecnología que para cualquier otro competidor.

EL (CASI) BESO DE LA MUERTE

Mientras Polaroid seguía su curso hacia el abismo, el eterno rival, Kodak, luchaba con sus propios fantasmas.

A pesar de haber sido el inventor de la cámara digital, percibió que esa tecnología era muy peligrosa para su negocio de películas químicas –donde conseguía la mayoría de sus ingresos- y por ende, postergó el lanzamiento masivo de una cámara digital comercial hasta 2001 cuando ya existían competidores en el mercado desde hacía varios años.

Sony fue el primero en adueñarse del mercado de cámaras digitales y en 1999 tenía 31% del mercado.

En 2003 las ventas de cámaras digitales sobrepasaron a las ventas de cámaras de rollo en EE.UU. pero no fue hasta el 2004 que Kodak empezó a ganar dinero con su división de cámaras digitales.

Finalmente Kodak perdió el liderazgo en fotografías. De disfrutar una posición casi monopólica unos años antes, en el 3er trimestre de 2007 Kodak ocupaba solo el 3er puesto con 15% del mercado, detrás de Canon (23%) y Sony (18%).

Ese retraso en entrar al mercado de cámaras digitales le costó a Kodak numerosas perdidas y la obligó a reducir su personal en más de 50.000 personas (en 1998 empleaba a 145.300 personas) pero, a diferencia de Polaroid, por lo menos reaccionó, y aunque tarde, logró salvar la empresa.

Conclusión, siempre permanezca pendiente de los puntos de inflexión en su industria: nuevas tecnologías o nuevos productos que al principio pueden parecer inofensivos, pero que tienen el potencial para cambiar de raíz las reglas de la competencia.

Es más, busque proactivamente liderar esa revolución. Hacerlo requiere coraje, especialmente si su compañía es líder del mercado, pero puede ser la única forma de sobrevivir a largo plazo.



Autor: Cesar Perez Carballada
Artículo publicado en www.marketisimo.com
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Fuente (ventas de cámaras digitales): IDC


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